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Cursillo 153

Cursillo Nº 153 de la Diócesis de Getafe

Cursillo 153 de la Diócesis de Getafe

24 de Junio 2026

Durante los días comprendidos entre el 11 y el 14 de junio, se ha llevado a cabo el Cursillo de Cristiandad nº 153 de la Diócesis de Getafe, el cual se celebró en la localidad de Ciempozuelos, concretamente en la Casa de Espiritualidad de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.

En la Clausura, los nuevos cursillistas se animaron y compartieron con el personal presente unas palabras llenas de amor donde describieron lo que habían sentido, compartido o vivido a lo largo de estas maravillosas jornadas.

Uno de los potentes mensajes escuchados, resaltaba cómo el cursillo le había revelado que, en los momentos difíciles, Dios había estado sosteniendo su vida, que, ahora, pensaba ir a “rescatar” a sus familiares, para enseñarles que con Cristo pueden salir del agujero.

Otra persona indicaba que había encontrado el amor que te llena por completo y que no había visto en ningún otro sitio.

Otro cursillista confesó que había llegado con mucho miedo y pero que allí había encontrado una familia maravillosa, que, sin juzgarla, la había aceptado. Se sentía indigna de Cristo, pero ha descubierto que Dios te acepta tal y como eres.

Finalmente, otro cursillista compartió que hacía poco que había llegado a España, que se había sentido muy sólo y había perdido la ilusión. Indicó que no sabíamos lo que habíamos hecho por él, que le habíamos salvado la vida. Le dio gracias a Dios por haberle permitido renacer.

  1. Álvaro Aceituno, uno de los sacerdotes del equipo de este cursillo, destacó que había coincidido con la solemnidad el Sagrado Corazón de Jesús, con la promesa de Cristo de que reinaría en España, y con la importante visita de León XIV donde se ha lanzado al mundo de habla hispana.

El coordinador de Cursillo, Juanjo, resaltó de que este era el único cursillo que se ha hecho en la Diócesis de Getafe coincidiendo con la visita de un Papa a España. Además, resaltó que cuando uno descubre a Jesucristo, éste pasa a ser el centro de nuestra existencia, cambiándolo todo porque con El somos mayoría absoluta. Y que por eso no debemos tener miedo.

Nuestra presidente Stella, al escuchar las palabras de los cursillistas, le recordó la soledad vivida al llegar a España, pero que El Señor le había mostrado que quería en nuestro país, mostrando así la incertidumbre que conlleva esta entrega. Quiso resaltar la gran dignidad que tenemos los bautizados de ser hijos de Dios, como el Papa a ha destacado en reiteradas ocasiones durante su viaje apostólico a España.

Finalmente, el padre D. Julián Lozano nos indicó la importancia de la mirada que da testimonio de la vida de Cristo, indicando que se puede permanecer en la mirada que hemos descubierto en este Cursillo.

Antes de venir al cursillo estaba en un momento crítico personal, profesional y espiritual.

Siempre he sido católico (bueno eso creía yo) y en medio de mi crisis total empecé a tener ideas depresivas muy agresivas conmigo mismo, la verdad es que tenía la sensación firme de no volver despertar…

En medio de esa angustia decido ir a la iglesia y allí el padre Julián me ayuda invitándome a ir a un cursillo, y, en medio de esa angustia, acepto ir aunque con mucha duda.

Llegar fue difícil y sin duda pensé, «estoy perdiendo el tiempo». Mi primera impresión fue que era una simple catequesis. Sin embargo, con el pasar de las horas, al escuchar cada rollo, sin duda algo empezó a cambiar en mí.

Fueron momentos como las cartas escritas por completos desconocidos dirigidas a mí en nombre propio: eso sin duda me impactó. Cada momento se iban sumando a sentimientos recién despertados y así sucesivamente

Pero la confesión, hecha conciencia, sin duda me desarmó, pues sentí la misericordia expresada en distintas formas.

Allí, tras los sentimientos que me llevaron a la depresión más grande, comencé a ver que estaba faltando a Dios, a mis papás y a mis hijos, y que estaba en un punto límite muy peligroso.

Un verdadero arrepentimiento dio paso a unas ganas de mejorar, de ser diferente y llegar a ser alguien que sume a los que me rodean por encima de todo.

Todo esto me hizo encender una energía dentro de mí que me permitió expresarme en el testimonio, para sin duda agradecer a todos por el apoyo, para demostrar cuán grande se puede ser haciendo Iglesia entre todos.

Ahora sin duda he descubierto que por más difícil que sea la vida o las situaciones, nunca se está solo porque Dios y la Virgen están conmigo, y sobre todo ver el amor expresado por personas con tanta efusividad, sin ninguna pretensión, solo ayudar y servir para que personas como yo salgamos de esa nebulosa y veamos que todo se puede en Dios y que, sin duda, todo es un proceso, hay un propósito y puede enfrentarse las cosas con fe.

Sin duda alguna “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”

¡¡¡De colores!!!

Daniel, nuevo cursillista.

Llegué al cursillo con una creencia en Dios, pero que le faltaban apellidos; con una fe que había quedado un poco olvidada con el paso de los años.

Desde mi Primera Comunión habían pasado muchas cosas y, entre los estudios, las responsabilidades y el ritmo de la vida diaria, me había ido alejando de aquello que una vez me dio tanta paz.

Sentía, sin embargo, que necesitaba volver a buscar respuestas. Vivimos en un mundo tan complejo y, a la vez, tan perfecto, que algo dentro de mí me impulsaba a acercarme de nuevo a Dios y a recordar cuál es el verdadero sentido de nuestra vida.

El Cursillo de Cristiandad fue un regalo. El equipo del cursillo nos acogió con una cercanía y un cariño inmensos. Las charlas derribaron muchos prejuicios, aclararon dudas y despertaron en mí el deseo de mirar más profundamente, tanto a mi propia vida como a mi relación con Dios.

No pretendo decir que en tres días se resolvieron todas las dudas o que alcance una fe perfecta, pero sí puedo decir que me ha ayudado a reencontrarme con Dios, y hablarle como tanto antes hacia.

Ahora siento que tengo las herramientas necesarias para seguir acercándome a Él y fortaleciendo mi fe cada día.

Me fui del cursillo con el corazón lleno, en paz y profundamente agradecida, convencida de que el Señor me llevó hasta allí por una razón.

He encontrado una luz que quiero seguir, que ya estoy siguiendo, y que siento crecer cada día más dentro de mí.

Julia, nueva cursillista.

Llegué a mi Cursillo de Cristiandad sin expectativas. No sabía exactamente qué iba a encontrar ni qué podía aportar a mi vida. Simplemente sentí que debía estar allí, aunque no entendía muy bien por qué mi primo Lorenzo me pidió que asistiera con tanta insistencia y amor, fue su regalo.

Durante 27 años viví alejada de Dios. Desde la muerte de mi mamá, mi corazón se llenó de preguntas que nunca encontraron respuesta. No entendía por qué Él había permitido que ella se fuera, y poco a poco me fui distanciando de la fe. Sin darme cuenta, cargué durante años con dolor, tristeza, confusión y una sensación de vacío que intentaba ignorar.

En el Cursillo ocurrió algo que no esperaba. A través de cada charla, cada testimonio, cada momento de reflexión y cada persona que encontré en el camino, Dios comenzó a hablarme de una manera que hacía mucho tiempo no escuchaba. No recibí todas las respuestas que había buscado durante años, pero sí encontré algo más importante: paz.

Comprendí que había vivido aferrada a heridas que necesitaban sanar. Pude mirar mi historia desde otra perspectiva y entender que Dios nunca me había abandonado, aunque yo sintiera que estaba lejos de Él. Descubrí que su amor había permanecido conmigo incluso en los momentos más oscuros de mi vida.

Este Cursillo me ayudó a aclarar muchas cosas sobre mí misma, sobre mi pasado y sobre el propósito de mi camino. Me permitió reconciliarme con mi historia, sanar parte de las heridas de mi alma y volver a abrir mi corazón a Dios. Después de 27 años de distancia, sentí que volvía a casa.

Hoy no soy la misma persona que llegó aquel primer día. Regreso con más serenidad, con esperanza renovada y con la certeza de que Dios sigue obrando en mi vida. Mi corazón ha encontrado consuelo, y aunque todavía hay preguntas que quizás nunca tendrán respuesta, ya no vivo desde el dolor, sino desde la confianza.

Doy gracias a Dios por este regalo, por cada persona que hizo posible esta experiencia y por haberme permitido reencontrarme con Él cuando más lo necesitaba. Este Cursillo no solo me acercó nuevamente a Dios; también comenzó a sanar mi alma.

Gracias “De Colores”

Natalia, nueva cursillista.

Me llamo Mariaje y he formado parte por primera vez de un equipo de cursillos: el número 153. Cuando Juanjo, el coordinador, me invitó a unirme y me dijo: “Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los elegidos”, sentí que no podía decirle que no al Señor y que era el momento de dejar atrás mis miedos.

Ha sido un regalo más del Señor, que tanto me cuida, y una verdadera gracia vivir este cursillo desde el otro lado, como dirigente. Durante estos días he visto la transformación de los cursillistas: sus rostros y corazones al entrar y cómo han salido, llenos del Señor. Eso reconforta el alma. También he sentido el cariño y el apoyo de todos los miembros del equipo, ha sido maravilloso, ver el amor y la fuerza de la comunidad.

En mi rollo, el cristiano en el mundo, sentí claramente que no era yo: era la fuerza del Espíritu Santo la que me impulsaba a hablar y a transmitir el Amor de Dios al mundo, a mis hermanos. ¡El Señor es grande, hermanos!

De colores!!!

Mariaje, de la Ultreya de Leganés y miembro del equipo de este cursillo.