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Cursillo 152

Cursillo 152 de la Diócesis de Getafe

Cursillo 152 de la Diócesis de Getafe

05 de Mayo 2026

El fin de semana del 30 de abril al 03 de mayo, ha tenido lugar el Cursillo de Cristianda nº 152 de la Diócesis de Getafe, celebrado en la Casa de Espiritualidad de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.

La Clausura estuvo presidida por Don Ginés García Beltrán, nuestro obispo, secundado por don Yago Fernádez de Alarcón y Stella Maris Gil, consiliario y presidente del MCC-Getafe respectivamente.

En los testimonios de los nuevos cursillistas vimos a una joven, que confesó estar perdida en su vida, encontrar un verdadero sentido y felicitarse de todo lo que le ha servido la experiencia; o una mujer, que ha vivido grandes desgracias en su vida que le habían hecho estar llena de rencor, albergando «venganza», haber salido renovada por haber conocido el perdón de Dios; en incluso alguno confesaba que el cursillo le ha servido para ver de una manera muy positiva a la Iglesia y la figura de los sacerdotes.

Los veteranos animaron a los nuevos hermanos a aferrarse la comunidad para poder perserverar, y les animaron haciéndoles notar que, aunque los problemas ahí siguen, ellos ya no son los mismos.

Nuestro querido diácono, don Carlos Herrerro, Carloncho, afirmó haber clarificado su misión con pastor, resaltand que Cristo se ha fijado en nosotros y ahora quiere fijarse en otros a través de nosostros.

Don Francisco Javier Bronchalo, Patxi, sacerdote director espiritual del cursillo, quiso destacar que además de creer en Dios hay que creer a Dios, porque su Palabra es verdad, que no tengamos miedo, porque la Iglesia no nos va a dejar.

Nuestra presidenta, Stella, dio la bienvenida al Movimiento a los nuevos hermanos. Les explicó que el plan de Dios para nuestra vida siempre es el mejor, y que tenga confianza porque El siempre va delante de nosotros.

En un momento muy especial, Stella llamó a Francisco Arroyo, nuestro fotógrafo «oficial», que no se pierde ninguna clausura y ningún otro evento de los que vamos haciendo a lo largo del año, inmortalizando esos acontecimientos. con sus buenísimas fotos y videos.

El Movimiento quiso agradecer su servicio regalándole, de manos de la presidenta, una «cena para dos», para que pueda disfrutarlo con su mujer, Gloria.

Mila Salinas, coordinadora del cursillo, nos contó que ahora mismo está pasando un momento complicado en su vida y que se veía muy pequeña para llevar adelante la misión de coordinar el cursillo, pero que delante del sagrari sintió como el Señor le susurraba: «ánimo, todo lo puedes conmigo».

Y ahora se sentía agradecida por poder ser testigo del milagro que el Señor ha hecho en sólo tres días en las vidas de todos los participantes, incluído el equipo.

Nuestro consiliario, don Yago, que pronto celebrará sus 28 años de sacerdote, explicó que el cursillo es un entrenamiento para que veamos que Dios nos ama, y que nos ama precisamente esperándonos en el mundo, donde están las personas a las que también ama, pero que no lo saben.

Y que las gafas para ver el amor de Dios son la oración, los sacramentos, la Iglesia y la comunidad.

Don Ginés, por su parte, señaló que la conversión es producto de un encuentro con Alguien, Jesucristo, y que los cristianos tratamos de transmitir lo que vivimos, siendo instrumentos de El.

Aprovechando que el P. Paul Schneider, que ha pasado varios años de misionero en Etiopía, estaba presente en la Clausura y la reciente institución de 10 seminaristas de nuestra diócesis como acólitos y lectores, alabó la entrega de los sacerdotes que renuncian a tantas cosas como el mundo ofrece por entregarse a Dios y a los hombres.

Dijo que estar enamorando de Dios cambia el deseo de destruír por el de construír, y que debemos pedirle diaramente al Señor el seguir así, de su lado, todo nuestro 4º Día.

Y en referencia a nuestro Movimiento, destacó que conoce a muchas personas que han hecho el cursillo y que ahora sirven a la Iglesia en otras realidades, y que esto es lo «más bonito» del MCC, que no trabaja para sí, sino por y para la Iglesia.

Y finalmente os dejamos con unos testimonios que generosamente nos han escrito varios de los participantes de este cursillo y unas fotos de la Clausura.

En enero empecé a ir a la parroquia yo solo, sin conocer a nadie, a confesarme, a familiarizarme con la misa, la comunión, etc.

Allí una vez me fijé que tenían panfletitos donde ponía «ven a conocer a El Señor, tu amigo» y en una de las imágenes salía Jonathan Roumie, que interpreta a Jesucristo en The Chosen, con una carita llena de humildad, ternura y amor que era difícil no plantearse querer ir.

Mi diácono me habló de Mila, y el mismo día que me lo dijo me la encontré. Estaba claro que Dios quería que fuese al cursillo.

Se lo consulté por la noche y no sabía todavía discernir si era mi propio deseo de querer ir o El Señor diciéndome que fuera. Quizá fueron las dos cosas, pero sentí que el corazón quería elevarse como respuesta a mi pregunta.

No tenía claro si ir porque tenía un trabajo pendiente de por medio, que no sabía cuándo me lo iban a mandar, ni el tiempo que me iba a suponer llevarlo a cabo, ni cuándo lo tenía que entregar, pero cuando ya me tenía que decidir, dije que sí, pudiendo equivocarme.

No lo hice, me hicieron saber que el trabajo no empezaba hasta el día siguiente que volviese del curso, El Señor sabe lo que hace.

Y qué decir del cursillo, ha sido muy intenso, ha habido momentos de meditar, de contemplar, de reír, de llorar, hasta de bailar pero también momentos de poder confesarnos, de celebrar misas y de comulgar. Hasta momentos de pedir y dar gracias.

Un cursillo muy completo en el que, si os dejáis, El Señor os llenará de su sobreabundante Amor y Gracia.

Y dejaos sorprender, no os preocupéis de nada, porque «todo está previsto».

¡De colores!

Alejandro Granados, de Aranjuez.

Mi experiencia en este cursillo de Cristiandad ha sido pasar de una Fe cómoda a una activa, sintiendo la necesidad de llevar todo lo vivido en el Cursillo a todos mis ambientes.

He sentido el abrazo de un cariño inigualable y la certeza de que JESUCRISTO cuenta conmigo.

Belén Nsegue, guineana afincada en Ciempozuelos.

Esta experiencia ha sido para mí uno de los puntos de inflexión más grandes de mi vida. Vine con la intención de acompañar a mi madre y dedicarle un regalo del día de la madre especial, pero me he llevado un verdadero regalo para mí, algo que no creí antes que podría llegar a tener.

Antes estaba muy perdida, sin creer en nada ni en nadie, y no tenía razones para levantarme cada mañana. Pero he encontrado un sentido en mi vida: la fe común que nos une a todos nosotros, un amor puro y sin límites.

Todos podemos participar de ello: grandes y pequeños. Siento que ahora todos son hermanos con razones de peso, dentro y fuera del cursillo.

Me han enseñado que hay mucho detrás de las palabras de Cristo y que vive con fuerza en los corazones, y ahora en el mío también.

No acabarán los problemas en el resto de mi vida, pero si tendré lo que me sujete mientras tanto.

Y sola sé que no seré capaz de hacerlo, porque ahora entiendo la importancia de una comunidad con los mismos valores en Dios, que te recoja si caes.

Mi constancia será clave para el comienzo del cuarto día. Espero poder continuar con ese refuerzo en algo tan maravilloso, a través de personas y el movimiento de Ultreya.

Tengo muchísimas ganas de seguir compartiendo esta alegría y seguridad, y fermentar a mí alrededor que estoy llena ¡DE COLORES!

Ainhoa Esteban Baena, de Moraleja de Enmedio.

Entré al Cursillo siendo ateo y salí de él siendo ateo, pero me alegro mucho de haber ido: aprendí mucho y conocí a muy buenas personas.

Mis razones para ir eran únicamente porque a mi abuela le cambió la vida para mejor, para mucho mejor.

Y también porque pienso que no puedes decir que eres ateo si antes no te has informado bien de qué es creer en un Dios; lo único que estás diciendo así es que eres ateo porque es lo más fácil, eres ateo porque no quieres comerte la cabeza, en resumen, para no tener remordimiento de tus actos.

Además, creo que la religión es como la comida: no sabes si te gusta hasta que la pruebas.

Fui conociendo a la gente, aprendiendo, y cada vez me arrepentía menos de estar allí; al final acabé contento de haber ido.

Finalmente, como he dicho antes, sigo siendo ateo, pero aun así recomiendo mucho el cursillo aunque seas una persona atea.

Alberto Medina, de Móstoles

Como miembro del equipo 152 no puedo dar más que Gracias a Dios por lo vivido, especialmente porque una de las cursillistas era mi propia hija, Ainhoa: para mí ha sido el mejor regalo del día de la madre que la Virgen y el Señor me han podido dar.

Siempre es una Gracia el vivir un cursillo y éste también lo ha sido para mí.

Me llevo muchas cosas pero sobre todo la clausura: ver salir a todos los cursillistas derramar el amor de Dios delante de los hermanos es un privilegio.

Pero sobre todo, presencia cómo mi hija entró al cursillo y como salió de él, y el testimonio que compartió con toda la comunidad.

¡El Señor es grande!

¡De colores!

Mariángeles, de la Ultreya de Arroyomolinos-Moraleja y miembro del equipo de este Cursillo.

Formar parte del equipo de este Cursillo ha sido para mí un regalo inmenso del Señor, además en un momento muy providencial.

Llegó justo cuando yo estaba un poco bajita de ánimo, poniendo demasiado mi felicidad en un deseo muy profundo de mi corazón.

Y sentí que el Señor, con mucha ternura, me recordaba que sus planes siempre son más grandes y más bonitos de lo que nosotros imaginamos, y que también a través de este servicio quería llenarme de amor y de alegría.

Durante el Cursillo fue precioso ver cómo el Señor iba actuando poco a poco en cada uno de los cursillistas.

Ver cómo personas que llegaron con dudas, heridas, con miedos o incluso cierta distancia, poco a poco se iban abriendo, confiando, sonriendo y dejándose tocar por Dios, fue algo que me conmovió muchísimo.

Eso me ha vuelto a confirmar que Dios no se olvida de nadie, que conoce bien nuestra historia y sabe exactamente lo que necesita cada corazón. Pero el Señor no solo tocó sus corazones, también tocó el mío.

En medio de mis nervios y de mi deseo de querer hacerlo todo perfecto, me hizo entender que no me pedía perfección, sino que le dejara actuar.

Y la clausura fue una auténtica maravilla. Allí pudimos ver cómo Dios sigue haciendo milagros saliendo al encuentro de cada persona de una manera única y personal: ablandando lo endurecido, poniendo luz donde había oscuridad, perdón donde había herida y esperanza donde parecía que ya no la había.

Me voy profundamente agradecida al Señor, al equipo que me sostuvo con tanto cariño, y a cada una de las personas que puso en nuestras manos.

Ha sido una experiencia que me ha confirmado, una vez más, que cuando le dejamos hacer, Él lo hace todo nuevo.

¡De colores!

Cathy, de la Ultreya de Alorcón y miembro del equipo de este Cursillo.